
Es hora de celebrar que tenemos los mismos derechos, que somos total y absolutamente iguales ante todos.
Es saber que a partir de hoy puedo anhelar formar una familia como todos los heterosexuales a los que les viene el derecho de antemano y nadie se los objetó nunca.
Es entender que puedo acceder a compartir un estilo de vida con mi pareja y poder adoptar y criar un hijo con todas las particularidades que cada familia tiene. Porque la igualdad está en la diversidad, no en la uniformidad; vamos a ser todas familias diferentes, con estructuras distintas como ya lo es hoy. Lo que ahora no permanece es la careta, la máscara, el velo que coloca por detrás a unos y por delante a otros; ya no estamos más en ese patio de atrás. A partir de ahora estamos en el escenario junto con todos, estamos en la foto escolar y, quizás, podamos educar a nuestros hijos con una concepción de un mundo diverso, donde la diferencia te enriquece y no te distancia y señala.
Muchas cosas se dijeron en estos meses pero quisiera rescatar varias palabras clave. Me voy a tomar la libertad de mezclar mi vivencia como persona homosexual, mi opinión con aquellas palabras que fui tomando de los variopintos discursos en los medios y en la cámara de senadores y diputados.
La palabra construcción fue una de las que mas me gustó. La sexualidad se construye, en parte sí y en parte no, según mi opinión. Yo viví desde pequeño con total naturalidad tener una sexualidad diferente; no es que se me ocurrió a los 13 años (aclaro que mi caso no es el caso de todos). Digo con la naturalidad obvia propia de un chico, con la ingenuidad y la inocencia de la edad; no era sexo lo que buscaba, pero varias características que conformaban mi personalidad ya estaban latentes desde muy pequeño. Tal es así que durante toda mi primaria se burlaron de mí adjudicándome que era “puto” o “maricón” y cabe aclarar que no es que yo iba a vestido de nena al colegio, simplemente te lo decían porque era el insulto que siempre más se usó para denigrar al prójimo, tan transparente es en la sociedad que los chicos son los primero que lo toman y lo usan; por ende ellos lo hacían tan ingenuamente como un chico lo hace y yo nunca había realizado ningún acto de demostración de mi sexualidad. El hecho anecdótico es que en este caso sí coincidió que era gay.
Luego en la adolescencia, cuando sí aprendí y supe lo que era el sexo, me tocó el desafío de enfrentarme al prejuicio y me escondí y reprimí, porque creí que estaba sucio, que estaba corrompido; me daba muchísima vergüenza y muchísimo miedo. Pero era tan fuerte en mí la necesidad de querer y amar a otro hombre que finalmente fui juntando fuerzas y debo agradecer a la internet por brindarme el camino para poder sentirme acompañado (si bien luego supe que la internet tiene sus pros y su contras) y también a los medios, las ficciones que empezaron a utilizar personajes gays en la mayoría de sus argumentos.
Empezó un lento proceso que hoy tratamos de abarcar con este proyecto. El de la formación de una identidad sexual.
Lentamente fui conformando este campo de fuerza que me permitiera enfrentar al mundo, al prejuicio. Que me permitiera relegar la discriminación y empujarla lejos de mi mente. Tarea que sigue siendo un desafío aún hoy en día, y que creo será una tarea de toda una vida.
Por eso es que la palabra construcción me parece tan poderosa; porque en sí es una verdad. Que nos construimos, que partimos de una realidad distinta, diversa, todos nos vamos construyendo y erigiendo como seres de voluntad y fuerza espiritual y emocional. Esto nos conduce a quiénes somos y nos mantiene en constante proceso de actualización, tratando de perfeccionar nuestro rendimiento.
Por eso me alegro tanto que podamos hoy contar con el apoyo de una ley y del estado. Nunca jamás creí en todos los desafíos que me tocaron hasta el momento; decirles a mis amigos, decirles a mis papás, presentar a mi novio y conocer a su familia. Pero nunca creí que iba a poder concebir la idea de tener una familia y que estuviese ya dada la libre elección, siempre era una fantasía donde había que recurrir a métodos complicados y ahora es tan sencillo como ir y hacer un trámite.
Pero quiero aclarar que la institución de matrimonio sigue siendo igual de relevante; no es para mí ir ahora a casarme por el hecho de echar en cara a la sociedad que soy gay. Me casaría porque estaría listo para esa etapa y feliz de haber encontrado una pareja que esté tan dispuesta como yo para emprender un proyecto de vida, algo que no se puede tomar a la ligera y que debe contemplarse con mucha reflexión; es un paso grande y hay que tener los instrumentos para llevarlo adelante. No se puede hacer como si fuese a comprar un kilo de manzanas al súper.
De allí extraigo la segunda palabra preexistente. La homosexualidad, no se descubrió en el siglo XXI, nos acompaña a lo largo de toda la humanidad. Si bien es cierto que a principios del siglo XX, producto de graves errores que cometió la humanidad, dimos pasos hacia atrás, es notable que desde el 70 hasta hoy no pasaron tantos años y algo que pasó de ser ilegal o penal (incluso pena de muerte, algo que lamentablemente mantienen muchos países hoy en día), pasamos a ser algo legal y hoy por hoy totalmente igual antes los ojos de la ley.
¿Es mucho avance para tan poco tiempo no? Pero en realidad no es tan increíble porque si tomamos en cuenta que esto viene desde los albores de la humanidad, entonces entendemos porque viene creciendo tan rápido, porque era la hora y el tiempo indicado. Quizás peque de optimista, pero creo que en ciertos aspectos tal vez la mente está avanzando, se esté abriendo a pesar de tantos que se resisten.
Me gustaría cerrar la vivencia hablando del rol que nos toca hoy en día.
La Ley es un hecho. Pero nuestro lugar en la sociedad todavía no lo es. Tenemos que ganarnos ese lugar, luchar por ese prestigio. Discutiendo incluso con mis hermanos me di cuenta de que está muy arraigada la ignorancia y que incluso tan cerca de uno se pueden compartir dos posturas completamente diferentes; no hay un antecedente de esta índole, de una homosexualidad plena puesta al servicio de un ejercicio 100 % libre de condena, no hay alguien que ya tenga 100 años de haber vivido en ese mundo, en ese ideal, lo atravesamos en nuestro presente y lo vamos dictando paso a paso. Vamos escribiendo esta nueva historia, conformando una sociedad diversa desde la aceptación.
Por ende tenemos que hacer nuestro esfuerzo por enseñar y no condenar a los que nos discriminan, porque no es que nos odien. Es que no nos conocen, no saben y desde la ignorancia construyen con sus miedos, una realidad estipulada de un futuro que no es el que nosotros deseamos. Por eso me gustaría cerrar con un mensaje de reflexión.
¿De que forma vamos, a partir de ahora, a trabajar para crecer como comunidad? ¿Cómo vamos a enfrentarnos a todos los nuevos desafíos que nos tocan vivir como homosexuales con pleno derecho de ley, iguales ante todos? Entendiendo la homosexualidad como un estilo de vida sano, diverso, ¿Cómo vamos a demostrarle a la sociedad que podemos cumplir con aquello que se nos sancionó hoy demostrando que somos iguales y que vamos a buscar en la esencia de las cosas, el amor y el afecto?
¿Cómo nos enfrentaremos a los nuevos cambios, a las nuevas RESPONSABILIDADES? Ser mamá/mamá o papá/papá no es siempre una fiesta y debería ser un producto de una profunda reflexión, no de un libre albedrío; si al fin de cuentas lo que queremos es lo mejor para ese niño/niña.
¿Cuáles serán los próximos desafíos que nos toquen vivir a partir de ahora como comunidad homosexual, lésbica y trans?
Es de mi convicción que hay que seguir trabajando y no dormirse en los laureles, y por eso abogo, porque sigamos intentando mejorar y replantearnos como comunidad, para pulir esas aristas y salir adelante como fuertes, unidos y tolerantes, antes que nada.
Alejandro Leites

