Sobre Nosotros

¿Qué es Ydentidad registrada?

Es un proyecto ambicioso que se manifiesta de varias maneras: la pública y la personal. Por un lado nuestra voluntad es crear una comunidad virtual, por medio del blog y relativos, donde se pueda discutir sobre la conformación de la identidad sexual. Este sector es completamente público y accesible para todo el mundo, sin distinción alguna.

Por el otro también te invitamos a participar de un espacio personal para aquellas personas que tengan dificultades serias con estos temas, necesidad de una terapia (grupal o individual) o bien que deseen tener un trato personal. Para eso brindamos también terapias con turnos y horarios y una tarifa justa.

Yo no soy gay, ¿porque me mandan esto?

Un error de comprensión común es creer que el proceso de la identidad sexual es algo que solo abarca a los homosexuales y queremos desmitificar esto. Todos tenemos una identidad que vamos formando a medida que nos descubrimos y experimentamos. Este período de descubrimiento es el que nos parece rico para trabajar y explorar, y a eso nos avocamos; algunas personas sufren mucho porque creen que sus deseos son deleznables o que sus fantasías son desviaciones, producto de prejuicios sociales, tradición, religión o simplemente discriminación.

Todos atravesamos por momentos difíciles y para eso fue creado Ydentidad; para ayudar a todo el mundo.

Es cierto que en los homosexuales la discriminación es mucho más intensa, pero también se puede producir en personas que tienen fantasías con personas del mismo sexo (que no quiere decir que sean homosexuales). Experimentar es un camino de descubrimiento que comprende varias etapas e Ydentidad esta pensada para acompañar todo ese tramo sin importar y sin condicionar el producto final que es la formación de un individuo feliz y sano, seguro de sus decisiones respecto de su sexualidad, sea cual fuese la cristalización definitiva de ese proceso de formación.

Por eso es que ser gay no es requisito para poder participar en este proyecto y comunidad; la diversidad es lo que nos enriquece y por eso no queremos ser producto ni de una minoría ni de una mayoría. Soñamos con poder tener en nuestro espacio desde personas homosexuales hasta curiosos que simplemente quieran saber un poco más sobre la diversidad, entender al otro y descubrir que son más la coincidencias que las diferencias, ya que la sexualidad es sólo un aspecto de cada ser. Tal vez entonces tengamos muchos más puntos de encuentro de los que creemos.

¿Cómo surge Ydentidad Registrada?

Ydentidad registrada es un proyecto que surgió de su fundadora, Sandra. Tiene 49 años, esta en pareja y tiene 3 hijos.

Estudio consultoría psicológica y trabaja desde diferentes abordajes como el psicodrama, gestalt y técnicas corporales, en desarrollo personal con aquellas personas que atraviesan diferentes tipos de crisis, poniendo el énfasis en promover y descubrir los recursos propios, el autoconocimiento y la libertad de elección como eje fundamental de los procesos que transita con sus consultantes.

Este proyecto surge con el objetivo de desmitificar una conducta que es totalmente normal y cuya evolución y procesos de crecimiento deberían ser acompañados desde el respeto, la aceptación y la información, sabiendo que la mayor riqueza del hombre está en incluir la diversidad.

Yo soy gay o creo que lo soy, ¿de qué forma me puede servir esto?

Ydentidad registrada propone acompañarte en esta etapa tan rica de tu vida que es descubrir quién y cómo sos.

Hay muchas maneras en la que se puede manifestar y componer la identidad sexual; nuestro propósito es asistir (acompañar) y dar consejo, escuchar tus necesidades, quizás tal vez también darte mayor información sobre cosas que desconozcas, romper con dudas, mitos. Ser homosexual comprende muchas cosas que se van descubriendo y formando con el tiempo, no es solamente la consecuencia a un acto sexual, sino un estilo de vida, y como tal, se manifiesta de muchísimas formas.

Por eso Ydentidad, ya sea a través del contacto directo o virtual en forma de comunidad, propone mantenerte en contacto para poder, entre todos, ayudarnos y fortalecernos para salir adelante formando individuos sanos, entendiendo por sano como la seguridad y confianza en uno mismo y sus decisiones.

Aclaración para aquellos que acusan a la diversidad de perversión

Ydentidad registrada está formada y dedicada para trabajar en el desarrollo de la identidad sexual en tanto comprenda una actividad que no es delito. Aclaramos que esto no abarca ni pretende dar tipo alguno de aprobación o apoyo a personas cuyas inclinaciones sexuales implican delito alguno o perversión.

Tampoco pretendemos entrar en un debate con aquellas líneas de pensamientos que consideran a la homosexualidad una enfermedad o aquellos que, basados en fuertes creencias religiosas, acusan y subestiman la inteligencia del hombre libre y su derecho a elegir.

A todos ellos les pedimos que se abstengan. Ydentidad pretende construir y unir desde las diferencias y la libertad; sólo tenemos como techo el universo y sus realidades, concretas y palpables, y no creemos en reglas dictadas por hombres que tiendan a la masificación para adquirir unos pocos el poder y determinar el destino de todos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

ETIQUETAS


¿Cuál es la funcionalidad de las clasificaciones sociales? ¿Por qué el hombre tiende a catalogar su medio? ¿Qué relaciones se entablan, mediante este proceso, con nuestra experiencia social y cotidiana?

Existe una lógica inconsciente (“espíritu”) de carácter universal que rige a todos los hombres, sin importar las distancias culturales, espaciales o temporales.
Esta lógica no es otra que el pensamiento clasificatorio. Es decir, la lógica de la “puesta en orden”.
El pensamiento humano, desde sus inicios, trabajó sobre el universo –el mundo que nos rodea-.
Ello es así porque el universo es nuestro objeto de pensamiento y conocimiento y para poder aprehenderlo hemos de ser capaces de ordenarlo.
Una vez que el intelecto se introduce en el cuadro, el hombre deja de ser simplemente una criatura de necesidades primarias.
El punto a resaltar sería que el principal objetivo de estas clasificaciones apunta a permitirnos percibir la realidad de una manera clara y descifrable.
Nos encontramos en una lucha constante contra el desorden y el caos, encontrando su solución en las clasificaciones sistemáticas, en la puesta en orden de la naturaleza y el mundo, en la reducción del caos.
El caos se presenta como todo lo que no es clasificable y por lo tanto no entra en ningún orden de categorías reconocidas. Se lo considera contradictorio, impuro, sucio y contaminante. El concepto de polución es una reacción de las personas para proteger lo “conocido” (la unidad, la perfección, la integridad, lo puro. En fin, todo lo asequible al pensamiento y a la comprensión). Todo lo que genera confusión (lo ambiguo, lo que no es claro) es tomado como algo imperfecto que se encuentra en oposición a lo “racional”.
Toda cultura se enfrenta al caos. El caos es la no significación y, por lo tanto, el fin último de todo pensamiento es, siempre, descubrir un ordenamiento posible de la realidad dada, para que ésta pueda ser penetrable (ya que se presenta como caótica). Las clasificaciones dotan de sentido y crean el objeto de conocimiento haciéndolo accesible a nuestro sistema cognitivo.
En el mundo social se introduce un orden a partir del establecimiento de clasificaciones y diferenciaciones. La idea es no dejar escapar a ningún ser u objeto, a fin de asignarle un lugar en una clase. No mezclar las cosas y que todo se mantenga en un orden que respete la lógica de las taxonomías: “cada cosa en su lugar”. Todo aquello que no se pueda catalogar (que no pertenezca a ninguna categoría) y que no se encuentre en el lugar que le corresponde se lo considera indefinible –y por lo tanto, carente de significado e ininteligible-. De esta manera se establecen “límites”.
Por intermedio de estos “agrupamientos” se puede introducir un comienzo de orden en el universo siendo su objetivo la reducción del caos a partir de la organización y de la explotación reflexiva del mundo sensible: no se deja escapar a ningún ser, objeto o aspecto, a fin de asignarle un posicionamiento en la estructura social.

En el marco cultural, la creación de estas categorías de ordenamiento va de la mano con los procesos de construcción de las identidades sociales al funcionar como escenarios de asociación y diferenciación.
Las identidades se construyen relacional y simbólicamente en función a determinados marcos referenciales (cultura, nación, etnia, género, música).
Las categorías taxonómicas generan discursos que, al interpelar a los sujetos sociales, permite la construcción de espacios simbólicos de identificación.
El acceso –aceptación o rechazo- a estos discursos implica acceder a un modo particular de experimentar el mundo, que se traduce en adscripciones y distinciones identitarias.
Así, estas “etiquetas” sociales –que funcionan tanto como referentes identitarios y discursos generadores de sentido- confieren a sus portadores el efecto de una identificación a través de la introducción de marcas y distintivos, dando como resultado lo que se denominan “comunidades imaginadas”. En su conformación, el sujeto es libre de elegir, proyectar e idealizar un mundo de pertenencia –una fusión, una incorporación a determinadas estructuras de orden simbólico a través de las cuales se organiza la vida-.

Partimos de la idea que los sujetos se conforman a través de prácticas discursivas. El enfoque discursivo nos permite pensar a la identificación como una “construcción” nunca terminada, que siempre está en “proceso”. No está determinada, ya que siempre es posible sostenerla o abandonarla. En este sentido, la identificación es “condicional”.
La teoría discursiva nos permite explicar la construcción de las identidades sociales desde dos enfoques: 1) Los discursos convocan al sujeto mediante la interpelación. La función interpelativa procede de las significaciones que los sujetos asignen a los discursos -el sujeto negocia con ellos-. Los diversos mensajes culturales que evoquen los discursos le servirán a gente diferente para construir sus propias identidades en diferentes situaciones de la vida cotidiana. Dependerá, en gran medida, de cómo cada sujeto interprete y reformule dichos discursos- 2) La narratividad es capaz de construir nuestra identidad. El “yo” es un producto de la narración y no puede comprenderse sino como discurso -“narrativización del yo”-. La identidad, de acuerdo a este lineamiento, no se fundaría en ninguna esencia “continua”, sino en los significados siempre cambiantes que le otorguemos a nuestras vidas a partir de las narraciones que nosotros mismos hagamos de nuestra cotidianeidad –biografía-. La teoría de la narratividad propone una posición relativista al asumir al sujeto como un actor en el centro de la creación de significaciones simbólicas. El sujeto se construye a partir de discursos a los cuales les otorga una significación. Los significados son construidos a partir de la propia experiencia del receptor conduciéndolo a la conformación de una subjetividad particular.

El concepto de identidad es, por tanto, estratégico y posicional –condicional-. Este concepto de identidad no refiere a un sujeto estable que, de principio a fin, se desenvuelve sin cambios a lo largo de su vida. Las identidades se nos aparecen como construidas a través de discursos, prácticas y posiciones diferentes; están sujetas a la historicidad. Y, por lo tanto, a un constante proceso de cambio y transformación en el cual nos “representan” y nos “representamos”. La identidad, así esbozada, se constituye dentro de la representación y no fuera de ella.

En el carácter de “condicionalidad” propio de la identidad, se perpetúa la “diferencia”, a partir de la cual se producirá un efecto de fusión/fisión de múltiples subjetividades. Es decir, la identificación –en tanto práctica significativa- se encuentra sometida al juego de la diferencia porque obedece a la lógica del “más de uno”. En tanto proceso, entraña un trabajo discursivo: se demarcan los límites simbólicos al producirse un “efecto de frontera”. Ello es así porque para poder constituirse ha de necesitar un “afuera” –un afuera constitutivo-. La identidad se construye a través de la diferencia, no al margen de ella. Sólo puede construirse a través de la relación con el “otro” –la relación con lo que no es, con su afuera constitutivo-. A lo largo de sus trayectorias, las identidades pueden funcionar como puntos de identificación y adhesión sólo debido a su capacidad de excluir y ordenar.

La identidad no es fundada a priori ni estática, sino que es eminentemente negociable y revocable y estará determinada por las decisiones de cada individuo. Es una construcción que se pone en juego en y a través de la temporalidad, la cotidianeidad y las historias de vida específicas y particulares de cada individuo. La identidad es relacional –de acuerdo a los posicionamientos estructurales donde nos encontremos-, referencial –en oposición a un “otro”- y subjetiva. Esta idea es compatible con una visión dinámica de la identidad. La identidad como proceso funciona como un juego de espejos lingüísticos: puede combinar de un modo polisémico los significantes con los que fue construida al punto de que su propia definición “originaria” cambia de acuerdo con la conciencia histórica y la experiencia social de quien se pone en contacto con ella; se abre a la posibilidad de reinterpretación y, en consecuencia, de transformación. No se trata de una estructura de significado que se resiste al tiempo sino que conjuga constantemente una pluralidad de significados, que emana a partir del horizonte específico en que nos situemos para relacionarlos con ella.

En conclusión, la necesidad de categorizar el mundo social está determinada por la condición inherente al pensamiento humano de otorgarle un orden –y consecuentemente un sentido- al universo que lo rodea y en el cual se desenvuelve.
Las clasificaciones nos abren la posibilidad de comprendernos a nosotros mismos y a los “otros” constitutivos; de situarnos en determinados discursos que nos interpelan y que nos llaman constantemente a preguntarnos “¿quiénes somos?”, “¿dónde estamos parados?”. La aceptación o rechazo, así como la significación e interpretación que se le asigne a estos discursos, dependerá, en última instancia, de las decisiones de cada individuo a la hora de conformar su identidad en sus propios términos.
La “puesta en orden” no es otra cosa que el lugar donde nos encontremos situados –por decisión propia-. No nos pre-determina, porque juega el papel de un discurso. Y todo discurso es factible de ser leído de diversas y múltiples maneras –polifónicamente-. El lugar que ocupemos en la estructura social definirá nuestro “ser en el mundo” –nuestro orden simbólico de identificación y pensamiento-, pero nunca de una manera fijada y a priori.
Así como las clasificaciones son el resultado del pensamiento humano, sus significaciones lo serán de igual manera. Porque el mundo que habitamos es un mundo estrictamente social, en el sentido que ha sido construido a partir de determinados sistemas simbólicos y culturales que nos permiten comprenderlo. Pero, paralelamente, los seres humanos -en tanto sujetos y actores sociales- también realizan una (re)interpretación de aquellas construcciones simbólicas, re-significándolas y otorgándoles nuevos sentidos.
Si entendemos que las etiquetas no nos condicionan de manera pura y estática, sino que nosotros mismos somos actores de su propia dinámica y significación, también podremos llegar a entender que hay sujetos que siguen en busca de su propia conformación. Se encuentran en un proceso de conocimiento y aceptación en el cual el “caos” –la no definición- es el pasaje necesario al “orden”.

NATALIA MAZZANTI
Licenciada en Ciencias Antropológicas
Facultad de Filosofía y Letras

miércoles, 4 de agosto de 2010

AMOR




En el mundo en que vivimos es esencial que la realidad sea concebida y designada con rigurosa precisión racional por predicados tales como “amor”.
“Amor” es un concepto, que como tal, implica un grado de abstracción que permite racionalizar aquello que evoca. Como todo concepto nos permite comprender, entender –hacer inteligible- ese algo al que se está refiriendo.
Estos predicados son pensados como absolutos; es decir, como perfectos y sumos; son conceptos claros, accesibles al pensamiento, al análisis y aun a la definición racional.
La firme convicción en conceptos racionales y claros muchas veces se opone al sentimiento. Justamente porque una de las características de nuestro juicio consiste en poseer conceptos y conocimientos de lo suprasensible en términos claros y asequibles como el de “amor”.
Sin embargo, esta idea de que los predicados racionales agotan la esencia de los sentimientos nos puede conducir a una visión parcial e incorrecta: parece, a menudo, que lo racional lo es todo. Pero que lo racional aparezca en primer término es cosa que se puede esperar de antemano; pues todo lenguaje, en cuanto consiste en palabras, ha de transmitir principalmente conceptos. Y cuanto más claros e inequívocos son esos conceptos, tanto mejor es el lenguaje.
Aún cuando los predicados racionales sean lo más visible de un término o concepto, dejan inexhausta e incompleta la idea de lo sentimental.
Son, sin duda, predicados esenciales, pero simultáneamente son predicados esenciales sintéticos: esenciales porque son vehículos de significado y sintéticos porque condensan un sinfín de significados posibles.
Es decir, son predicados atribuidos a un objeto que los recibe y sustenta, pero este objeto no puede –nunca- ser comprendido sustancial y completamente por ellos sino de manera parcial. Por el contrario, han de ser comprendidos de otra manera distinta y peculiar porque poseen un componente indefinible que la tendencia a la racionalización no es capaz de percibir.
En otras palabras, el “amor” no se puede reducir únicamente a enunciados racionales. El “amor”, en cierto sentido, no es susceptible de ser completamente conceptualizable porque encierra muchos más significados que la palabra -por sí misma- no refiere inmediatamente.

De esta manera, nos abrimos frente al mundo de la polisemia. Es decir, al mundo de las múltiples significaciones, que no es otro que el mundo cultural.
En este sentido, es importante señalar que la idea del “amor” es universal por su existencia, pero particular por su significación. No todas las sociedades conciben y se representan al “amor” de la misma manera. De hecho, no todas las personas interpretan una misma palabra de maneras semejantes.
El problema consiste en que el mundo occidental tiende -en su fervor por racionalizar la realidad- a generalizar todo. En vez de relativizar, nuestra cultura universalizó todo lo que necesita, viendo a los “demás” como lo que les “falta”, lo que les falta de “nosotros”.
Es la historia de Occidente. Occidente se caracterizó por historizar al “otro” extrapolando e imponiendo sus propias categorías (como la de “amor”) con sus respectivas connotaciones y significaciones, a otras formas socioculturales. Así, se olvida el hecho que cada sociedad puede tener una concepción diferente de lo que implica el “amor”. Ya que éstas son, siempre, construcciones culturales y sociales y, por lo tanto, no responden a ningún parámetro o regla universal. El “amor” no es una categoría a priori. En consecuencia, las nociones que tengamos de él son culturalmente relativas, son productos de la historia particular de cada sociedad –entendiendo a ésta como un conjunto de pluralidades y subjetividades-.
Siguiendo este lineamiento, podríamos entender al “amor” como un símbolo. Siendo la característica principal de los símbolos la polisemia. O sea, la multiplicidad de significados. Significados que a su vez están dados por el contexto cultural. Los símbolos condensan referentes que no son inmediatos, sino que van más allá de la superficialidad del concepto, develando significaciones “mediatas” u ocultas; los símbolos pueden significar muchas y diferentes cosas simultáneamente y, además, significar diferentes cosas para diferentes personas.
Intentemos relativizar la noción que tenemos acerca del “amor” y demostrar que no todas las sociedades tienen la misma concepción abstracta. Y para el caso, que no todas las personas interpretan de igual forma un mismo hecho.
Para ello, imaginémonos un pasaje ficcional entre la “naturaleza” – entendiéndola como algo universal, que se presenta en todos lados- y la “cultura” –siendo ésta la relativización de la naturaleza-.
Despojémonos, por un momento, de todo lo que la sociedad y sus instituciones nos han brindado y construido. Olvidémonos de lo que somos hoy, en el presente, como productos de múltiples procesos dinámicos histórico-sociales y miremos hacia atrás. Esta mirada retrospectiva nos llevará a un punto en la historia de la humanidad –al origen mismo de ésta, a sus gérmenes- donde nosotros, los seres humanos, no éramos otra cosa que animales –en el buen sentido del término-. Éramos seres puramente pasionales, guiados por los instintos más básicos de la supervivencia. Estos instintos no eran racionales. La reproducción –para la supervivencia- no era racional. Pero en el momento en el que el hombre comienza a sociabilizarse -a través del lenguaje, a través de las instituciones- comienza a otorgarle un sentido a estas acciones. El hombre, en este momento, comienza a racionalizar y comprender el mundo que lo rodea, su mundo. Es en este punto que aquellas primeras pasiones instintivas empiezan a ser concebidas como “sentimientos” -como “sensaciones”- con un verdadero valor social, con una significación aprehensible e inteligible. El sentimiento es una construcción. Y como construcción, no podemos afirmar que su validez –su entendimiento, su “legitimación”- esté fundada en el “orden natural y verdadero” de las cosas. No hay nada que nos diga y determine a priori cómo y de qué manera sentir.
Entendemos, de esta manera, a los “sentimientos” –siendo el “amor” el que nos compete- como construcciones simbólicas y culturales. Culturales porque, justamente, son producto de la sociabilidad y sabemos que la sociabilidad es completamente relativa a los determinados contextos sociales.
El “amor” es una construcción –humana- que no tiene nada de “natural” –entendida como algo a priori, predeterminado y “verdadera”- y que tiene todo de cultural.
Y como esta construcción es altamente cultural, es entendible que nos encontremos con diversas y variadas posturas en cuanto a su significación. Porque es polisémica –es simbólica- se nos presenta, de igual manera, como polifónica. Es decir, subjetiva: cada individuo –en tanto subjetividad particular- es libre de interpretarla a su manera. Esto es así porque vivimos en un mundo de heterogeneidades que se complementan en una dinámica constante: la sociedad.

Pensemos al “amor” en términos lingüísticos. Desde la lingüística esta palabra –este término- es un signo.
¿Qué se entiende por signo lingüístico? Toda palabra, en cualquier lengua, se encuentra constituida por dos elementos que se retroalimentan confluyendo en la construcción de una idea. Estos componentes, constitutivos –y constituyentes-, están representados por una “imagen acústica” (lo que se conoce como “significante”) y por un “concepto” (un “significado”). En otras palabras, una cosa cualquiera (imaginemos una mesa) nos remite a una idea que tenemos sobre dicha cosa (al imaginarnos una mesa conformamos un concepto, un significado, sobre lo que ese mesa significa: su función, su “para qué” y su “por qué”).
Es así como se construye el lenguaje, a partir de signos lingüísticos. El lenguaje es una construcción.
Pero, ¿cuál es la funcionalidad del lenguaje?
Existe, por así decir, un código social preestablecido que nos permite interactuar y comunicarnos con nuestros semejantes de tal manera que podamos comprendernos mutuamente. Este código es el lenguaje: el lenguaje es por excelencia el medio que nos permite transmitir conocimiento. En consecuencia, el mundo social de la vida cotidiana no es un mundo individual, sino un mundo intersubjetivo que se encuentra condicionado por la sociedad en su conjunto, y el conocimiento que se tiene de él no es privado sino socializado -de origen social-. Porque el hombre no vive aislado, por el contrario, vive en sociedad, con otros hombres, a los cuales comprende y los cuales le comprenden a él. Vive en un mundo cultural; porque el hombre le otorga un sentido al mundo, significa algo para él; porque para poder comprender e interpretar al “otro” y para que el “otro” le comprenda e interprete es necesario compartir un conjunto de normas y valores, un sistema de significados y sentidos comunes a todos.
En este sentido, el lenguaje es el medio a través del cual nos sociabilizamos, es una convención, es algo que nos antecede: es preexistente.
¿Qué sucede cuando a esa preexistencia la enmarcamos en un contexto cultural?
Se transforma en una construcción permanente, en una reelaboración continua. Pensémoslo como un juego de espejos: el pasado se somete a revisión, lo re-significamos para otorgar nuevos sentidos acordes a los tiempos –presentes- que nos toca vivir. Estos nuevos sentidos serán los nuevos estructuradores culturales en torno a los cuales organizaremos nuestra vida social.
El pasado actúa como una “imagen acústica” –un significante- que, desde el presente, es transformado en pos del nacimiento de un nuevo “concepto” –un significado-.
Entonces, la pregunta que se nos plantea podría ser la siguiente: ¿Tan pre-existente y condicionante es el lenguaje? Sí. Porque sin él nunca podríamos comunicarnos ni comprendernos. Pero, simultáneamente –y esta es la riqueza del componente humano-, somos capaces de transformarlo.

A modo de conclusión: el “amor” es lenguaje y como tal es social y susceptible de ser transformado, pero también funciona como un símbolo, con lo cual es relativo y apunta mucho más allá de una racionalidad abstracta. Es un sentimiento, porque es una construcción cultural. No está “naturalizado”, porque su significación dependerá de las múltiples subjetividades que lo compongan y que lo construyan.
En el momento en que seamos capaces de removernos “las anteojeras sociales” que nos condicionan –lamentablemente en muchas ocasiones- podremos ver, observar y comprender que la realidad no es homogénea, que no es una totalidad predeterminada. Sino que dentro de su funcionamiento y organización podemos encontrar una diversidad de miradas y reflexiones que nos ayudará a crecer –alimentándonos y enriqueciéndonos- y a comprendernos mejor a nosotros mismos como lo que realmente somos: seres culturales multifacéticos. Porque es en la diversidad de pensamiento en donde verdaderamente nos conocemos a nosotros mismos.
Si todos fuésemos iguales, ¿cómo construiríamos nuestra identidad? La diferencia –en perspectivas y enfoques de vida- enriquece. Y sólo aceptándola y visibilizándola nos constituimos en individuos culturales. Dependerá de cada uno –y en momentos históricos determinados- desde qué horizonte plantarse para mirar el espectro y abanico de posibilidades que nuestro mundo nos ofrece.

NATALIA MAZZANTI
Licenciada en Ciencias Antropológicas
Facultad de Filosofía y Letras

viernes, 16 de julio de 2010

Una fecha historica para la Argentina






Es hora de celebrar que tenemos los mismos derechos, que somos total y absolutamente iguales ante todos.

Es saber que a partir de hoy puedo anhelar formar una familia como todos los heterosexuales a los que les viene el derecho de antemano y nadie se los objetó nunca.

Es entender que puedo acceder a compartir un estilo de vida con mi pareja y poder adoptar y criar un hijo con todas las particularidades que cada familia tiene. Porque la igualdad está en la diversidad, no en la uniformidad; vamos a ser todas familias diferentes, con estructuras distintas como ya lo es hoy. Lo que ahora no permanece es la careta, la máscara, el velo que coloca por detrás a unos y por delante a otros; ya no estamos más en ese patio de atrás. A partir de ahora estamos en el escenario junto con todos, estamos en la foto escolar y, quizás, podamos educar a nuestros hijos con una concepción de un mundo diverso, donde la diferencia te enriquece y no te distancia y señala.

Muchas cosas se dijeron en estos meses pero quisiera rescatar varias palabras clave. Me voy a tomar la libertad de mezclar mi vivencia como persona homosexual, mi opinión con aquellas palabras que fui tomando de los variopintos discursos en los medios y en la cámara de senadores y diputados.

La palabra construcción fue una de las que mas me gustó. La sexualidad se construye, en parte sí y en parte no, según mi opinión. Yo viví desde pequeño con total naturalidad tener una sexualidad diferente; no es que se me ocurrió a los 13 años (aclaro que mi caso no es el caso de todos). Digo con la naturalidad obvia propia de un chico, con la ingenuidad y la inocencia de la edad; no era sexo lo que buscaba, pero varias características que conformaban mi personalidad ya estaban latentes desde muy pequeño. Tal es así que durante toda mi primaria se burlaron de mí adjudicándome que era “puto” o “maricón” y cabe aclarar que no es que yo iba a vestido de nena al colegio, simplemente te lo decían porque era el insulto que siempre más se usó para denigrar al prójimo, tan transparente es en la sociedad que los chicos son los primero que lo toman y lo usan; por ende ellos lo hacían tan ingenuamente como un chico lo hace y yo nunca había realizado ningún acto de demostración de mi sexualidad. El hecho anecdótico es que en este caso sí coincidió que era gay.

Luego en la adolescencia, cuando sí aprendí y supe lo que era el sexo, me tocó el desafío de enfrentarme al prejuicio y me escondí y reprimí, porque creí que estaba sucio, que estaba corrompido; me daba muchísima vergüenza y muchísimo miedo. Pero era tan fuerte en mí la necesidad de querer y amar a otro hombre que finalmente fui juntando fuerzas y debo agradecer a la internet por brindarme el camino para poder sentirme acompañado (si bien luego supe que la internet tiene sus pros y su contras) y también a los medios, las ficciones que empezaron a utilizar personajes gays en la mayoría de sus argumentos.
Empezó un lento proceso que hoy tratamos de abarcar con este proyecto. El de la formación de una identidad sexual.

Lentamente fui conformando este campo de fuerza que me permitiera enfrentar al mundo, al prejuicio. Que me permitiera relegar la discriminación y empujarla lejos de mi mente. Tarea que sigue siendo un desafío aún hoy en día, y que creo será una tarea de toda una vida.

Por eso es que la palabra construcción me parece tan poderosa; porque en sí es una verdad. Que nos construimos, que partimos de una realidad distinta, diversa, todos nos vamos construyendo y erigiendo como seres de voluntad y fuerza espiritual y emocional. Esto nos conduce a quiénes somos y nos mantiene en constante proceso de actualización, tratando de perfeccionar nuestro rendimiento.

Por eso me alegro tanto que podamos hoy contar con el apoyo de una ley y del estado. Nunca jamás creí en todos los desafíos que me tocaron hasta el momento; decirles a mis amigos, decirles a mis papás, presentar a mi novio y conocer a su familia. Pero nunca creí que iba a poder concebir la idea de tener una familia y que estuviese ya dada la libre elección, siempre era una fantasía donde había que recurrir a métodos complicados y ahora es tan sencillo como ir y hacer un trámite.

Pero quiero aclarar que la institución de matrimonio sigue siendo igual de relevante; no es para mí ir ahora a casarme por el hecho de echar en cara a la sociedad que soy gay. Me casaría porque estaría listo para esa etapa y feliz de haber encontrado una pareja que esté tan dispuesta como yo para emprender un proyecto de vida, algo que no se puede tomar a la ligera y que debe contemplarse con mucha reflexión; es un paso grande y hay que tener los instrumentos para llevarlo adelante. No se puede hacer como si fuese a comprar un kilo de manzanas al súper.

De allí extraigo la segunda palabra preexistente. La homosexualidad, no se descubrió en el siglo XXI, nos acompaña a lo largo de toda la humanidad. Si bien es cierto que a principios del siglo XX, producto de graves errores que cometió la humanidad, dimos pasos hacia atrás, es notable que desde el 70 hasta hoy no pasaron tantos años y algo que pasó de ser ilegal o penal (incluso pena de muerte, algo que lamentablemente mantienen muchos países hoy en día), pasamos a ser algo legal y hoy por hoy totalmente igual antes los ojos de la ley.

¿Es mucho avance para tan poco tiempo no? Pero en realidad no es tan increíble porque si tomamos en cuenta que esto viene desde los albores de la humanidad, entonces entendemos porque viene creciendo tan rápido, porque era la hora y el tiempo indicado. Quizás peque de optimista, pero creo que en ciertos aspectos tal vez la mente está avanzando, se esté abriendo a pesar de tantos que se resisten.

Me gustaría cerrar la vivencia hablando del rol que nos toca hoy en día.

La Ley es un hecho. Pero nuestro lugar en la sociedad todavía no lo es. Tenemos que ganarnos ese lugar, luchar por ese prestigio. Discutiendo incluso con mis hermanos me di cuenta de que está muy arraigada la ignorancia y que incluso tan cerca de uno se pueden compartir dos posturas completamente diferentes; no hay un antecedente de esta índole, de una homosexualidad plena puesta al servicio de un ejercicio 100 % libre de condena, no hay alguien que ya tenga 100 años de haber vivido en ese mundo, en ese ideal, lo atravesamos en nuestro presente y lo vamos dictando paso a paso. Vamos escribiendo esta nueva historia, conformando una sociedad diversa desde la aceptación.

Por ende tenemos que hacer nuestro esfuerzo por enseñar y no condenar a los que nos discriminan, porque no es que nos odien. Es que no nos conocen, no saben y desde la ignorancia construyen con sus miedos, una realidad estipulada de un futuro que no es el que nosotros deseamos. Por eso me gustaría cerrar con un mensaje de reflexión.
¿De que forma vamos, a partir de ahora, a trabajar para crecer como comunidad? ¿Cómo vamos a enfrentarnos a todos los nuevos desafíos que nos tocan vivir como homosexuales con pleno derecho de ley, iguales ante todos? Entendiendo la homosexualidad como un estilo de vida sano, diverso, ¿Cómo vamos a demostrarle a la sociedad que podemos cumplir con aquello que se nos sancionó hoy demostrando que somos iguales y que vamos a buscar en la esencia de las cosas, el amor y el afecto?

¿Cómo nos enfrentaremos a los nuevos cambios, a las nuevas RESPONSABILIDADES? Ser mamá/mamá o papá/papá no es siempre una fiesta y debería ser un producto de una profunda reflexión, no de un libre albedrío; si al fin de cuentas lo que queremos es lo mejor para ese niño/niña.

¿Cuáles serán los próximos desafíos que nos toquen vivir a partir de ahora como comunidad homosexual, lésbica y trans?

Es de mi convicción que hay que seguir trabajando y no dormirse en los laureles, y por eso abogo, porque sigamos intentando mejorar y replantearnos como comunidad, para pulir esas aristas y salir adelante como fuertes, unidos y tolerantes, antes que nada.

Alejandro Leites

Los miedos y los mitos



¿Cuáles son los miedos que se instauran en el común colectivo con respecto a una sexualidad diferente?
Intentaremos una exploración que busque aclarar dudas y mitos, manifestados seguramente por falta de información, con respecto a la homosexualidad. Sean en el ámbito de la intimidad, como en el ámbito de la vinculación con la sociedad, la familia, el trabajo, los amigos, la pareja, la religión, la conducta, etc.

Mitos
- La homosexualidad es una enfermedad
Está descartado hace tiempo del DSM 4, manual de las enfermedades psiquiátricas con validez y respaldo mundial. La homosexualidad no tiene raíces en ninguna alteración fisiológica , química o neuronal, es una” instancia subjetiva” , no tiene síntomas que alteren la salud del individuo, ni su función social. Lo que genera es la confrontación con las creencias prevalentes en la sociedad, creencias que establecen parámetros fijos y más relacionados con el poder de orden social y cultural estipulados desde el estado y la religión, que se sustentan en el modelo binario, excluyendo otras posibilidades que existieron siempre en la historia del hombre (ya hablaremos en otro artículo de ello, cómo se llego a este modelo binario, y el poder del estado y religión).

- Los homosexuales son personas promiscuas, desviadas…
No está comprobado científicamente que la elección sexual determine esos patrones de conducta. En realidad estos patrones son comunes a personas que sufren algún trauma surgido en su infancia, que utilizan su sexualidad para expresarlo, independiente de su elección sexual. En realidad la estadística nos muestra que hay un alto rango de estas conductas en los heterosexuales, sobre todo.

-La homosexualidad “se contagia”
Si observamos, y yo diría que ni siquiera atentamente, esto es imposible. No se conocen casos, ni se registraron en alguna investigación, que esto así sea.
La mayoría de los gays provienen de familias heterosexuales, y por lo general los hermanos que conviven con un gay no se contagian, por más que convivan toda la vida.

-No son buenos en el trabajo, es riesgoso incluirlo en el ámbito laboral.
Los datos que surgen en las investigaciones, es que una vez que son aceptados en un ámbito laboral, son eficientes, meticulosos, creativos y responsables como el resto de sus compañeros.

-Si un niño es criado por una pareja homosexual, será un niño con carencias.
Un niño para crecer saludable y “entero Psicológicamente”, lo que necesita es AMOR Y RESPETO,
Está comprobado que aquellos niños criados en hogares que no conviven con un modelo binario, no quedan necesariamente dañados .
De hecho si empezamos con los ejemplos más comunes podremos dar cuenta de ello.
Hogares llevados adelante por una abuela, padres que han quedado viudos y no rehacen la pareja, tíos que adoptan el papel parental por abandono de los padres… hay un sinfín de situaciones que presentan modelos alternativos al binario, que no por ser alternativos pierden valor y salud para la formación sana de un niño.
Las estadísticas que dan cuenta los estudios de familias gays, demuestran que los niños están mas preparados para enfrentar situaciones conflictivas, son sumamente cariñosos, solidarios, son libres en su forma de pensar y por lo tanto más seguros de si mismos, y la mayoría de ellos no son gays en la adultez.
Como en todos los casos, un niño necesita un entorno cotidiano seguro afectivamente.
Respeto por tener cubiertas sus necesidades básicas: alimento, abrigo, una casa donde disponga de un lugar físico, horarios y límites que lo ordenen y contengan, adultos que le inculquen valores que lo sostengan.
El ser humano es poderoso por naturaleza; basta leer a Victor Frankl para entender la gran capacidad que tenemos todos de resiliencia (observada por este gran psiquiatra y filósofo en los campos de concentración). Sobrevivimos en circunstancias inimaginables y el niño también lo tiene. Los que toman la decisión de criar un niño, deben dedicarse a cuidar de esa capacidad para que en la adultez esta se despliegue libremente.
¿Y cómo se cuida? Amándolos. El ser humano muere si no es amado y cuidado, el amor no solo abraza, entibia el corazón, y acaricia, conlleva también respeto, aceptación, infunde coraje, valor y fuerzas. Esa es la única formula que entiendo saludable para un niño.
Quién se la dé casi seria anecdótico; como lo vemos en nuestro diario vivir, un pareja binaria no les asegura nada, porque no es ese el punto de inflexión que asegura la salud sino el vínculo que se establezca de convivencia el que lo determinará.

"Cómo se construye la identidad sexual"





Para poder reflexionar y entender sería bueno ordenar toda la información con la que hoy en día contamos.
Para ello citamos un texto del Dr. Walter Ghedin, medico psiquiatra:

“…la sexualidad se inicia tan temprano en la vida de las personas por la sencilla razón de que todo proceso estructurante de la personalidad tiene lugar en los primeros años. Si los adultos contamos con la madurez y evolución de los tejidos, órganos y trama subjetiva es porque detrás de ese resultado hay infinidad de factores que fueron confluyendo, reuniéndose para formar una estructura superior, compleja y diferente a la suma de las partes. La sexualidad es un aspecto fundamental de la personalidad y está sujeta a las mismas reglas de su desarrollo.

Este desarrollo va ocurriendo en distintos ejes del ser humano: el biológico, que viene dado, y en la construcción social, que determinara el género; ésta es simbólica dada por la expectativa social construida a partir de la diferenciación del sexo biológico binario (hombre-mujer).

Iremos recorriendo entonces el camino por partes, definiendo todos sus conceptos:
-el sexo genético es aquel que esta determinado por la expresión de los genes.
-el sexo gonadal está definido por la presencia de testículos en el hombre y ovarios en la mujer.
-el sexo genital es el externo: pene, testículos en el hombre, vulva y vagina en la mujer.
-el sexo psicológico o identidad sexual es la vivencia subjetiva que tiene el sujeto respecto a su ser sexual.
-el sexo legal es el asignado por la ley y responde taxativamente a la categoría binaria de género.
-el rol sexual es el comportamiento esperable por la sociedad. Ejemplo: si es mujer vestir con ropa femenina, etc. Está sujeto a multiplicidad de variables y se va modificando permanentemente (modas, nuevos paradigmas sexuales, etc.). No obstante se mantiene sustentado por la cultura más radical que lo fija como estereotipo.
-la "elección sexual" atañe a cómo cada uno elige expresar su sexualidad, más cercano al rol sexual que a la elección de objeto, ya que el deseo sexual no se elije.
-el deseo sexual es la atracción que nos provoca el otro. Esta fuerza interna guía la seducción, la simpatía, el amor o bien se comporta como una necesidad que lleva al sujeto a contactarse sexualmente con otro u otros con el fin de satisfacer la pulsión.

El deseo sexual no se elije, se configura como un aspecto más de la personalidad y no esta regido por la biología.
La identidad sexual tampoco reconoce determinantes biológicos y hasta el momento no se han encontrado centros o grupos de neuronas que fijen el sexo psicológico. Se sabe que a la edad de 2 o 3 años aproximadamente el niño ya tiene autoconciencia de genero."