Sobre Nosotros

¿Qué es Ydentidad registrada?

Es un proyecto ambicioso que se manifiesta de varias maneras: la pública y la personal. Por un lado nuestra voluntad es crear una comunidad virtual, por medio del blog y relativos, donde se pueda discutir sobre la conformación de la identidad sexual. Este sector es completamente público y accesible para todo el mundo, sin distinción alguna.

Por el otro también te invitamos a participar de un espacio personal para aquellas personas que tengan dificultades serias con estos temas, necesidad de una terapia (grupal o individual) o bien que deseen tener un trato personal. Para eso brindamos también terapias con turnos y horarios y una tarifa justa.

Yo no soy gay, ¿porque me mandan esto?

Un error de comprensión común es creer que el proceso de la identidad sexual es algo que solo abarca a los homosexuales y queremos desmitificar esto. Todos tenemos una identidad que vamos formando a medida que nos descubrimos y experimentamos. Este período de descubrimiento es el que nos parece rico para trabajar y explorar, y a eso nos avocamos; algunas personas sufren mucho porque creen que sus deseos son deleznables o que sus fantasías son desviaciones, producto de prejuicios sociales, tradición, religión o simplemente discriminación.

Todos atravesamos por momentos difíciles y para eso fue creado Ydentidad; para ayudar a todo el mundo.

Es cierto que en los homosexuales la discriminación es mucho más intensa, pero también se puede producir en personas que tienen fantasías con personas del mismo sexo (que no quiere decir que sean homosexuales). Experimentar es un camino de descubrimiento que comprende varias etapas e Ydentidad esta pensada para acompañar todo ese tramo sin importar y sin condicionar el producto final que es la formación de un individuo feliz y sano, seguro de sus decisiones respecto de su sexualidad, sea cual fuese la cristalización definitiva de ese proceso de formación.

Por eso es que ser gay no es requisito para poder participar en este proyecto y comunidad; la diversidad es lo que nos enriquece y por eso no queremos ser producto ni de una minoría ni de una mayoría. Soñamos con poder tener en nuestro espacio desde personas homosexuales hasta curiosos que simplemente quieran saber un poco más sobre la diversidad, entender al otro y descubrir que son más la coincidencias que las diferencias, ya que la sexualidad es sólo un aspecto de cada ser. Tal vez entonces tengamos muchos más puntos de encuentro de los que creemos.

¿Cómo surge Ydentidad Registrada?

Ydentidad registrada es un proyecto que surgió de su fundadora, Sandra. Tiene 49 años, esta en pareja y tiene 3 hijos.

Estudio consultoría psicológica y trabaja desde diferentes abordajes como el psicodrama, gestalt y técnicas corporales, en desarrollo personal con aquellas personas que atraviesan diferentes tipos de crisis, poniendo el énfasis en promover y descubrir los recursos propios, el autoconocimiento y la libertad de elección como eje fundamental de los procesos que transita con sus consultantes.

Este proyecto surge con el objetivo de desmitificar una conducta que es totalmente normal y cuya evolución y procesos de crecimiento deberían ser acompañados desde el respeto, la aceptación y la información, sabiendo que la mayor riqueza del hombre está en incluir la diversidad.

Yo soy gay o creo que lo soy, ¿de qué forma me puede servir esto?

Ydentidad registrada propone acompañarte en esta etapa tan rica de tu vida que es descubrir quién y cómo sos.

Hay muchas maneras en la que se puede manifestar y componer la identidad sexual; nuestro propósito es asistir (acompañar) y dar consejo, escuchar tus necesidades, quizás tal vez también darte mayor información sobre cosas que desconozcas, romper con dudas, mitos. Ser homosexual comprende muchas cosas que se van descubriendo y formando con el tiempo, no es solamente la consecuencia a un acto sexual, sino un estilo de vida, y como tal, se manifiesta de muchísimas formas.

Por eso Ydentidad, ya sea a través del contacto directo o virtual en forma de comunidad, propone mantenerte en contacto para poder, entre todos, ayudarnos y fortalecernos para salir adelante formando individuos sanos, entendiendo por sano como la seguridad y confianza en uno mismo y sus decisiones.

Aclaración para aquellos que acusan a la diversidad de perversión

Ydentidad registrada está formada y dedicada para trabajar en el desarrollo de la identidad sexual en tanto comprenda una actividad que no es delito. Aclaramos que esto no abarca ni pretende dar tipo alguno de aprobación o apoyo a personas cuyas inclinaciones sexuales implican delito alguno o perversión.

Tampoco pretendemos entrar en un debate con aquellas líneas de pensamientos que consideran a la homosexualidad una enfermedad o aquellos que, basados en fuertes creencias religiosas, acusan y subestiman la inteligencia del hombre libre y su derecho a elegir.

A todos ellos les pedimos que se abstengan. Ydentidad pretende construir y unir desde las diferencias y la libertad; sólo tenemos como techo el universo y sus realidades, concretas y palpables, y no creemos en reglas dictadas por hombres que tiendan a la masificación para adquirir unos pocos el poder y determinar el destino de todos.

miércoles, 4 de agosto de 2010

AMOR




En el mundo en que vivimos es esencial que la realidad sea concebida y designada con rigurosa precisión racional por predicados tales como “amor”.
“Amor” es un concepto, que como tal, implica un grado de abstracción que permite racionalizar aquello que evoca. Como todo concepto nos permite comprender, entender –hacer inteligible- ese algo al que se está refiriendo.
Estos predicados son pensados como absolutos; es decir, como perfectos y sumos; son conceptos claros, accesibles al pensamiento, al análisis y aun a la definición racional.
La firme convicción en conceptos racionales y claros muchas veces se opone al sentimiento. Justamente porque una de las características de nuestro juicio consiste en poseer conceptos y conocimientos de lo suprasensible en términos claros y asequibles como el de “amor”.
Sin embargo, esta idea de que los predicados racionales agotan la esencia de los sentimientos nos puede conducir a una visión parcial e incorrecta: parece, a menudo, que lo racional lo es todo. Pero que lo racional aparezca en primer término es cosa que se puede esperar de antemano; pues todo lenguaje, en cuanto consiste en palabras, ha de transmitir principalmente conceptos. Y cuanto más claros e inequívocos son esos conceptos, tanto mejor es el lenguaje.
Aún cuando los predicados racionales sean lo más visible de un término o concepto, dejan inexhausta e incompleta la idea de lo sentimental.
Son, sin duda, predicados esenciales, pero simultáneamente son predicados esenciales sintéticos: esenciales porque son vehículos de significado y sintéticos porque condensan un sinfín de significados posibles.
Es decir, son predicados atribuidos a un objeto que los recibe y sustenta, pero este objeto no puede –nunca- ser comprendido sustancial y completamente por ellos sino de manera parcial. Por el contrario, han de ser comprendidos de otra manera distinta y peculiar porque poseen un componente indefinible que la tendencia a la racionalización no es capaz de percibir.
En otras palabras, el “amor” no se puede reducir únicamente a enunciados racionales. El “amor”, en cierto sentido, no es susceptible de ser completamente conceptualizable porque encierra muchos más significados que la palabra -por sí misma- no refiere inmediatamente.

De esta manera, nos abrimos frente al mundo de la polisemia. Es decir, al mundo de las múltiples significaciones, que no es otro que el mundo cultural.
En este sentido, es importante señalar que la idea del “amor” es universal por su existencia, pero particular por su significación. No todas las sociedades conciben y se representan al “amor” de la misma manera. De hecho, no todas las personas interpretan una misma palabra de maneras semejantes.
El problema consiste en que el mundo occidental tiende -en su fervor por racionalizar la realidad- a generalizar todo. En vez de relativizar, nuestra cultura universalizó todo lo que necesita, viendo a los “demás” como lo que les “falta”, lo que les falta de “nosotros”.
Es la historia de Occidente. Occidente se caracterizó por historizar al “otro” extrapolando e imponiendo sus propias categorías (como la de “amor”) con sus respectivas connotaciones y significaciones, a otras formas socioculturales. Así, se olvida el hecho que cada sociedad puede tener una concepción diferente de lo que implica el “amor”. Ya que éstas son, siempre, construcciones culturales y sociales y, por lo tanto, no responden a ningún parámetro o regla universal. El “amor” no es una categoría a priori. En consecuencia, las nociones que tengamos de él son culturalmente relativas, son productos de la historia particular de cada sociedad –entendiendo a ésta como un conjunto de pluralidades y subjetividades-.
Siguiendo este lineamiento, podríamos entender al “amor” como un símbolo. Siendo la característica principal de los símbolos la polisemia. O sea, la multiplicidad de significados. Significados que a su vez están dados por el contexto cultural. Los símbolos condensan referentes que no son inmediatos, sino que van más allá de la superficialidad del concepto, develando significaciones “mediatas” u ocultas; los símbolos pueden significar muchas y diferentes cosas simultáneamente y, además, significar diferentes cosas para diferentes personas.
Intentemos relativizar la noción que tenemos acerca del “amor” y demostrar que no todas las sociedades tienen la misma concepción abstracta. Y para el caso, que no todas las personas interpretan de igual forma un mismo hecho.
Para ello, imaginémonos un pasaje ficcional entre la “naturaleza” – entendiéndola como algo universal, que se presenta en todos lados- y la “cultura” –siendo ésta la relativización de la naturaleza-.
Despojémonos, por un momento, de todo lo que la sociedad y sus instituciones nos han brindado y construido. Olvidémonos de lo que somos hoy, en el presente, como productos de múltiples procesos dinámicos histórico-sociales y miremos hacia atrás. Esta mirada retrospectiva nos llevará a un punto en la historia de la humanidad –al origen mismo de ésta, a sus gérmenes- donde nosotros, los seres humanos, no éramos otra cosa que animales –en el buen sentido del término-. Éramos seres puramente pasionales, guiados por los instintos más básicos de la supervivencia. Estos instintos no eran racionales. La reproducción –para la supervivencia- no era racional. Pero en el momento en el que el hombre comienza a sociabilizarse -a través del lenguaje, a través de las instituciones- comienza a otorgarle un sentido a estas acciones. El hombre, en este momento, comienza a racionalizar y comprender el mundo que lo rodea, su mundo. Es en este punto que aquellas primeras pasiones instintivas empiezan a ser concebidas como “sentimientos” -como “sensaciones”- con un verdadero valor social, con una significación aprehensible e inteligible. El sentimiento es una construcción. Y como construcción, no podemos afirmar que su validez –su entendimiento, su “legitimación”- esté fundada en el “orden natural y verdadero” de las cosas. No hay nada que nos diga y determine a priori cómo y de qué manera sentir.
Entendemos, de esta manera, a los “sentimientos” –siendo el “amor” el que nos compete- como construcciones simbólicas y culturales. Culturales porque, justamente, son producto de la sociabilidad y sabemos que la sociabilidad es completamente relativa a los determinados contextos sociales.
El “amor” es una construcción –humana- que no tiene nada de “natural” –entendida como algo a priori, predeterminado y “verdadera”- y que tiene todo de cultural.
Y como esta construcción es altamente cultural, es entendible que nos encontremos con diversas y variadas posturas en cuanto a su significación. Porque es polisémica –es simbólica- se nos presenta, de igual manera, como polifónica. Es decir, subjetiva: cada individuo –en tanto subjetividad particular- es libre de interpretarla a su manera. Esto es así porque vivimos en un mundo de heterogeneidades que se complementan en una dinámica constante: la sociedad.

Pensemos al “amor” en términos lingüísticos. Desde la lingüística esta palabra –este término- es un signo.
¿Qué se entiende por signo lingüístico? Toda palabra, en cualquier lengua, se encuentra constituida por dos elementos que se retroalimentan confluyendo en la construcción de una idea. Estos componentes, constitutivos –y constituyentes-, están representados por una “imagen acústica” (lo que se conoce como “significante”) y por un “concepto” (un “significado”). En otras palabras, una cosa cualquiera (imaginemos una mesa) nos remite a una idea que tenemos sobre dicha cosa (al imaginarnos una mesa conformamos un concepto, un significado, sobre lo que ese mesa significa: su función, su “para qué” y su “por qué”).
Es así como se construye el lenguaje, a partir de signos lingüísticos. El lenguaje es una construcción.
Pero, ¿cuál es la funcionalidad del lenguaje?
Existe, por así decir, un código social preestablecido que nos permite interactuar y comunicarnos con nuestros semejantes de tal manera que podamos comprendernos mutuamente. Este código es el lenguaje: el lenguaje es por excelencia el medio que nos permite transmitir conocimiento. En consecuencia, el mundo social de la vida cotidiana no es un mundo individual, sino un mundo intersubjetivo que se encuentra condicionado por la sociedad en su conjunto, y el conocimiento que se tiene de él no es privado sino socializado -de origen social-. Porque el hombre no vive aislado, por el contrario, vive en sociedad, con otros hombres, a los cuales comprende y los cuales le comprenden a él. Vive en un mundo cultural; porque el hombre le otorga un sentido al mundo, significa algo para él; porque para poder comprender e interpretar al “otro” y para que el “otro” le comprenda e interprete es necesario compartir un conjunto de normas y valores, un sistema de significados y sentidos comunes a todos.
En este sentido, el lenguaje es el medio a través del cual nos sociabilizamos, es una convención, es algo que nos antecede: es preexistente.
¿Qué sucede cuando a esa preexistencia la enmarcamos en un contexto cultural?
Se transforma en una construcción permanente, en una reelaboración continua. Pensémoslo como un juego de espejos: el pasado se somete a revisión, lo re-significamos para otorgar nuevos sentidos acordes a los tiempos –presentes- que nos toca vivir. Estos nuevos sentidos serán los nuevos estructuradores culturales en torno a los cuales organizaremos nuestra vida social.
El pasado actúa como una “imagen acústica” –un significante- que, desde el presente, es transformado en pos del nacimiento de un nuevo “concepto” –un significado-.
Entonces, la pregunta que se nos plantea podría ser la siguiente: ¿Tan pre-existente y condicionante es el lenguaje? Sí. Porque sin él nunca podríamos comunicarnos ni comprendernos. Pero, simultáneamente –y esta es la riqueza del componente humano-, somos capaces de transformarlo.

A modo de conclusión: el “amor” es lenguaje y como tal es social y susceptible de ser transformado, pero también funciona como un símbolo, con lo cual es relativo y apunta mucho más allá de una racionalidad abstracta. Es un sentimiento, porque es una construcción cultural. No está “naturalizado”, porque su significación dependerá de las múltiples subjetividades que lo compongan y que lo construyan.
En el momento en que seamos capaces de removernos “las anteojeras sociales” que nos condicionan –lamentablemente en muchas ocasiones- podremos ver, observar y comprender que la realidad no es homogénea, que no es una totalidad predeterminada. Sino que dentro de su funcionamiento y organización podemos encontrar una diversidad de miradas y reflexiones que nos ayudará a crecer –alimentándonos y enriqueciéndonos- y a comprendernos mejor a nosotros mismos como lo que realmente somos: seres culturales multifacéticos. Porque es en la diversidad de pensamiento en donde verdaderamente nos conocemos a nosotros mismos.
Si todos fuésemos iguales, ¿cómo construiríamos nuestra identidad? La diferencia –en perspectivas y enfoques de vida- enriquece. Y sólo aceptándola y visibilizándola nos constituimos en individuos culturales. Dependerá de cada uno –y en momentos históricos determinados- desde qué horizonte plantarse para mirar el espectro y abanico de posibilidades que nuestro mundo nos ofrece.

NATALIA MAZZANTI
Licenciada en Ciencias Antropológicas
Facultad de Filosofía y Letras

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